I Certamen literari de relat Curt 2016. Ajuntament de Montserrat.

Així comença el meu relat guardonat amb el primer premi en el I Certamen literari de Relat Curt en valencià, 2016, organitzat per l'Ajuntament de Montserrat. 



Escrito en Otoño.

El pasado 18 de diciembre, la sala grande de la Casa de la Juventud de l’Eliana, acogió la décimo cuarta edición del certamen literario más prestigioso de la Vila de l’Eliana, el concurso 'Escrits a la Tardor'. El relato

ganador de este 2015 en la modalidad de lengua valenciana recayó en Josep Carrasco.

Un problema de confianza

Esta mañana he sido testigo de la siguiente conversación que transcribo. Me hubiera gustado grabarla pero no tengo móvil de esos inteligentes. El mío es tonto de toda la vida. Estaban comprando prensa en un Kiosco delante de mí. El señor al que se refieren al final del diálogo era yo, por eso me he atrevido a transcribirla grosso modo. Eran dos hombres bastante más jóvenes que yo. Bueno, quiero decir, no tan mayores.
—¿Tú confías en alguien?
—¿A quién te refieres cuando dices alguien?
—No sé…, a los médicos, a los políticos, a los banqueros, a tu jefe, a la justicia, a Dios.
—¡Ah!, pensaba que me preguntabas en serio.
—No. En serio.
—En serio tengo todos los motivos para desconfiar. Los médicos se han equivocado con más frecuencia de lo que podría considerarse normal en los diagnósticos y me han operado mal o innecesariamente.
—¿Y los políticos?
—Los políticos… ¿con poder o sin poder?
—¡Hombre! Un político sin poder es solo un aspirante.
—¿Quieres decir si confío en un aspirante?
—Exacto.
—No.
—¿Así? ¿Con esa rotundidad?
—Afirmativo. O es tan un ingenuo como yo o es un trepa. Poco de fiar. Lo de siempre, prometer hasta… y después, date por jodido.
—Visto así, ya no te pregunto por el político con poder.
—Mejor. Que devuelva la pasta y luego… ¡que se vaya a la mierda!  
—Al menos a los banqueros les confías tus dineros.
—Esos me han engañado, se han quedado con la pasta, con mi casa y con el coche y aún dicen que les debo comisiones. ¡Ni que me trajeran el dinero a casa!  Y no me preguntes por mi ex jefe, que cada vez que lo recuerdo vuelvo a andar estreñido. Cerró y me echó a la calle. Me tuve que divorciar. Él, no. Simplemente se dejó a su mujer y se fue con la amante a Liechtenstein.
—Chico, lo tuyo es de novela.
—¡Qué va! ¿Quieres que le preguntemos a este señor? Seguro que el argumento es parecido.
—Oiga, perdone la impertinencia. ¿Usted cree en la justicia?
—¿Yo? Yo no he hecho nada.
—Hombre, no sea usted pusilánime. Solo es una pregunta.
—Quiere usted decir… todo ese rollo de la Infanta y de…eso de Palma.
—Sí, eso, y lo de Bárcenas, y el Correas, y los Eres, y los Pujols...
—Mire, yo soy agnóstico.  Lo que decía no sé qué poeta. “Este mundo triste al que esta vestido viste y al desnudo lo desnuda”. Yo he venido a por el periódico para hacer el crucigrama, el resto no me interesa.
—Pero usted vive en una sociedad, se relaciona.
—No mucho. He plantado unas alcachofas en unas macetas, tengo tres gallinas ponedoras en la terraza, mi nuera me trae de cuando en cuando un puñado de arroz y unas acelgas, y no me hable usted de zarandajas.
— ¿Lo ves?
—Que Dios nos ampare.
—¿Dios? ¡No me jodas! Oí hace tiempo que había muerto. Le pasa como a Rajoy, que ni está ni se le espera. 
Hasta aquí el relato. Me voy a hacer el crucigrama, que me parece que he hablado demasiado.





"El error de los supuestos"

—Oye, Leo, ¿tú le dices a tu mujer: “te quiero”?
—Pero, Bren, ¿de qué vas? ¿Estás de guasa, no?
—Te lo pregunto en serio.
—¿Y a qué viene tanta tontería?
—Es que a mí  tampoco se me ocurre decírselo a Filo.
—Muy lógico. ¿Lo quieres?
—¿Tú estás loco?
—Entonces, ¿qué importa?
—Que tampoco a ti te lo digo.
—Bueno, pero  se supone.

—Eso exactamente se cree mi marido.

Terminal

A pesar de una resistencia numantina, todas y cada una de las pruebas fueron resultando positivas. El cáncer era terminal. 
© Preludio. 11 de septiembre 2015. 

La tormenta

Lo mejor de la tormenta de esta tarde,  el  trueno  y la fragancia de la salvia, del romero  y  del espliego.  La insolencia de la ruda y la inflorescencia  del acanto se mostraban débiles. Los pies anclados en los charcos del camino. Las gotas de agua en la hoja del pino parecían llanto.Gritos en la densa  tarde que bajaba a raudales del monte, mientras el cielo se suicidaba con puñales.

Redescubrir a Tanizaki

Tanizaki, en el  Elogio de la sombra pretende reflejar la tensión existente entre oscuridad y claridad, algo así como el contraste que desprende “un negativo” a contraluz. En su ensayo literario, Tanizaki reprueba el mundo demasiado brillante de Occidente y celebra la riqueza de la penumbra, como fuente de ambigüedad y de relieve. Los lugares muy iluminados son demasiado limpios, sin misterio y sin historia. 
Tanizaki envida por el disfrute y la tranquilidad de la oscuridad, por las capas que el tiempo deposita en la superficie de las cosas y que las dotan de atractivo. No se trata tanto de explorar lo oscuro de la noche sino  más bien la iluminación ambigua de la oscuridad. 
Una oportunidad para pensar el mundo desde esa extraña luz y tratar de comprender el alcance de un tiempo en sombra y a la vez demasiado iluminado. La sombra es bella.

Diagnóstico

Cooper está enfermo. Lo han ingresado inconsciente en el hospital canino.
Me han llamado del ayuntamiento para decírmelo después de rebuscar en su chip.
—¿De qué? —he preguntado a la funcionaria.
—De tristeza —me ha contestado con cierto tono de condolencia.
—Eso es imposible. Cooper es un perro alegre. Además, ¿Cómo puede saberlo usted?
—Eso ha dicho el veterinario cuando lo ha examinado. Lo pone en su diagnóstico. Se lo puedo leer textualmente. Además he visto su foto.
—¿Tiene usted una foto de su tristeza?
—La he visto en el blog del veterinario.
—No me lo diga. Prefiero imaginarlo tal como es: alegre, confiado, resuelto, jovial…
—También está enfermo de inanición.
—No puedo creerlo. Lo siento señorita. Cooper no necesita comer, se alimenta de… claro…  Perdone. Tiene razón el veterinario. ¿Ha dejado alguna cosa para mí?
—Tengo su teléfono. Lo hemos sabido porque tiene un solo contacto. El suyo. Y un mensaje inconcluso que al parecer no ha enviado.
—Léamelo, por favor, si es tan amable.
—Está en griego.
—Vaya, eso está de moda. Cooper no sabe griego, aunque lee a Kavafis.
—¿En serio?
—Un perro muy raro. ¿Alguna cosa más?
—No.
—Gracias por llamar. Pasaré a visitarlo mañana.
—Cuando pueda. Le sentará bien.
—Gracias de nuevo.
—Ah sí. Perdone. Hay una fecha. Diciembre. ¿Le dice algo?
—No caigo. Lo siento. En fin, cosas de Cooper.