La luna llena, de Aki Shimazaki



La luna llena, publicada por Tusquets a primeros de 2022, es una novela de la autora canadiense de origen  japonés Shimazaki que desarrolla una historia tierna en apariencia en torno al alzheimer y la memoria no compartida, cuyos personajes son unos jubilados en una residencia para mayores. Su matrimonio perdura casi cincuenta años y en un momento determinado, en el curso de su experiencia normalizada en el asilo, por mor de sus hijos, con una demencia creciente, el recuerdo de unas vivencias no compartidas alteran el sentido  de toda su vida. Se tratará de construir una nueva relación, de reformularse la pregunta esencial. “Vivir qué significa”, preguntará la esposa desmemoriada al marido perdido en la incomprensión, que no sabe qué responder más allá de subrayar la complejidad de la cuestión. La respuesta está en tan solo cuatro palabras que no ha conseguido borrar el alzheimer.

No será la ópera magna de Shimazaki, pero sus más o menos ciento veinte páginas están escritas de manera cruelmente delicada, con una prosa sobria y fácil de leer, sin ninguna concesión a lo sensual y voluptuoso. La contención en la expresión del sentimiento logra que gane profundidad a través de la inquietante distorsión de los recuerdos.

Una lectura muy recomendable para entender, no sólo el mundo de la desmemoria que solo es el pretexto, sino también el de las relaciones interpersonales, a veces menos complejas de lo que se pueda pensar.

jcll. Octubre 22

Los secretos de la memoria.




Celso estaba equivocado. Pensaba que su soledad devendría triste y tediosa el día que no pudiera aceptarla con libertad y se la impusiera el espejo, cuando sus amigos le fueran abandonando porque se sentían viejos y cuando la amnesia de su mujer se fuera haciendo más patente día a día. Sin embargo, podía con ella, y quizás fuera menos dolorosa que sus achaques y dolencias, mientras su memoria se mantenía vigorosa a pesar de sus lagunas.

Celso se refugiaba en sus libros, en los que había escrito y releía con nostalgia y también de los que había hecho acopio durante años, amontonados en sus estanterías, pendientes de lectura. Estaba convencido de que mientras los sintiera vivos seguiría teniendo sueños, miles de sueños con los que vencer su soledad. Una soledad contra la que resistía también con algunas fotografías que siempre se quedaron a un clic de hacerlas desaparecer en la papelera del olvido. Sus nietos, a veces, le preguntaban por ellas cuando abundaba en su añoranza. Entonces solía contestarles que eran retazos de su historia. Lo que nunca decía era que muchas de esas historias que habían conformado su vida estaban en los libros que algún día tendrían que leer. Era una forma de aceptar su soledad, sostenida en sus secretos.

jcll. Octubre 22

Stoner contra Platón.



John Edward Williams (1922-1994) Escritor norteamericano. 
Ha publicado muy poco, pero su mejor novela se llama Stoner. Más que una gran novela, es una novela perfecta, dijo The New York Times. No es publicidad.  Se publicó en 1965. Existe traducción castellana y la ha publicado la editorial Baile del Sol para su colección narrativa en su quinta edición a propósito del cincuentenario. 

Doscientas cuarenta páginas que se leen con verdadera fruición, a pesar de que en la novela no hay entusiasmo, ni trance, ni pasión. Nada que propicie la catarsis de una vida intrascendente. Stoner, que así se llama el personaje, no es ambiguo, como no es ambiguo el ser ni la esencia. Su vida es pura renuncia a la locura socrática, a todas las promesas de los dioses, porque la realidad no se proyecta en sueños.

Ante la visión fantástica y fraudulenta de la vida que encarna el personaje de Lomax, que todo lo mueve y perturba con intención de permanencia y transgresión, Stoner no solamente no aspira a la inmortalidad, sino que rechaza explícitamente su deseo y prescinde de toda magnificación y de toda épica. Representa el suceder de lo doméstico y cotidiano. 

Stoner pasa por la vida y por la universidad de Misuri, donde enseña literatura inglesa, sin pena ni gloria, no dejando más huella que una mención o una dedicatoria en un libro que aparece en la biblioteca. Stoner representa el fracaso del sueño americano, tan platónico y turbulento.

De esa manera tan realista, John Williams da a luz una obra maestra da la que solo se vendieron 2000 ejemplares el año de su primera publicación, pasando casi de puntillas por la historia reciente de la literatura norteamericana y universal hasta transformarse, después de cincuenta años, en una novela de culto.

© jcll. Abril 2022

La familia Martin, de David Foenkinos.


La familia Martin, de David Foenkinos, editada por Alfaguara en 2021

 

La novela presenta desde las primeras líneas un pulso incierto que trasciende de un modo trágico la posibilidad de cristalizar un relato sin claves hermenéuticas tras la biografía o sus reflejos de una persona desconocida que deviene azarosamente, de manera intencionada desde el punto de vista narrativo, para el que se ofrece como testigo el propio narrador-escritor que finalmente resultará transformador a pesar suyo. 

Su único programa manifiesto es ver y narrar sin pretender implicarse. Primer interrogante con el que se topa el lector. 

Quizá, porque sabe que ello no va a ser posible, el narrador reitera de manera periódica esta intención. No puede ser de otra manera, toda vez que la confusión buscada entre narrador y autor es notoria, tanto que, entre el descriptivismo explicito y la inocuidad latente a la que se ciñe, aparece el espacio y el tiempo narrativo sobre el que discurren las historias de los personajes. 

Si inicialmente parece un remedo experimental al modo de Pirandello en su búsqueda de seis personajes para un autor, Foenkinos no es tan radical. Nada está terminado del todo, pero cabe terminarlo. Si para Pirandello no hay verdad absoluta, anclado en la eterna potencia que conduce al pesimismo. Para Foenkinos la potencia no es siempre en todo momento, sino devenir que tiene mucho de acto. Puro optimismo.

Encuentra las piezas de su puzle en el entorno de las relaciones de pareja donde desmadeja los grandes temas: la soledad, la traición, la enfermedad, el abandono, el abuso, la homosexualidad, la incomprensión.  Todo ello en un juego libre de intensidades que tiene salida.

La familia Martin es una buena novela que se lee con facilidad, y Foenkinos es un excelente escritor.

© jcll. Abril 2022.

Invisible.


 

Estuvo lloviendo toda la noche, y al día siguiente, mi cabeza era un mar de niebla.  Por un tiempo me sentí invisible. Era lo que más temía.

No siempre.

 



He terminado de leer, “Lejos, mas lejos”, varado en la orilla del rio Yukon, a escasos ocho kilómetros de Dawson City, después de haber naufragado con una barcaza en mal estado, tratando de remontar irresponsablemente el rio en el loco intento de llegar al Estrecho de Bering.

Para llegar hasta ahí he recorrido en casi dos años, casi siempre a pie, inmensos territorios inhóspitos. He atravesado barrancos y me he perdido en bosques oscuros, y me he enfrentado a animales feroces, he soportado tormentas de lluvia, nieve y fuego desde que salí de Nueva York a primeros de julio de 1924, previa renuncia al sueño americano en el que no tuve oportunidades. Pero, lo peor de todo. ha sido, salvo raras excepciones, los encuentros con el ser humano. 

“Lejos, más lejos”, no es un libro de aventuras. Es un libro de un vértigo insufrible del que hay que refugiarse a tiempo y de tanto en tanto, al constatar que escarba de manera morbosa en la condición humana. 

Caminar es arduo. Arrastrarse malherido, asaltado por hombres, mujeres y bestias, vejado, incomprendido y seguir el pretexto de que la vida vale la pena en un contexto en que el infierno es lo que está alrededor es una tarea, más que que agotadora, insoportable, hasta que llega el momento del naufragio absoluto, y aunque uno vuelva a intentar reiniciar el camino, volver al rio con nuevos bríos y mejor pertrechado, este se tornará indefectiblemente imposible, bajo la mirada inmisericorde de Dios. No basta con querer. A veces no se puede, aunque se deba, y constatarlo, devuelve el sosiego con tal de aceptarlo. Pero también, la frustración. Y uno se pregunta si ha valido la pena tanto esfuerzo para al fin quedar varado. Uno se pregunta si en el hilo sobre el que la vida hace equilibrios lo importante es llegar a toda costa o mantener en todo caso el equilibrio. La esperanza que todo lo soporta. El eterno mito. 

 

No sé si recomendaría la lectura del libro. No es un libro indispensable y sí una historia demasiado vieja. Descascarillada. La publicidad habla de una historia romántica, íntima. En absoluto.

 La vida es tan corta y hay tanto donde escoger, que, a uno, a mi, al menos, me entra la duda de si ha sido la mejor elección. No obstante, una vez leído, confieso, que me ha atrapado, más que la historia, su forma de contarla tan aséptica y anestesiada. Quizás de otra forma, resultaría mucho más dolorosa. 

Lilian, la protagonista, cuando llega a Isla Ellis en 1924 es una entre miles de emigrantes rusos que consiguieron huir del drama terrible de los programas de exterminio que tuvieron lugar al inicio de la era soviética. Ha visto todo tipo de desdichas. Cuando se entera de que su hija no ha muerto y puede que esté en Siberia emprende un viaje que es un relato de pura supervivencia.

Amy Bloom es una escritora norteamericana que ya debe de rondar casi los setenta. Esta novela la publicó en 2007. Se tradujo al castellano y la publicó Destino en 2009. Hasta hace más o menos diez años fue profesora de literatura creativa en la Universidad de Yale. Ahora ejerce en la de Wesleyan. 

© jcll. Noviembre 2021.

 

 

  

 

 

La mecanógrafa, de Kate Atkinson

 


                                                         Suelo terminar de leer casi todas las novelas que empiezo, incluidas las que no consiguen atraparme desde el inicio por respeto al esfuerzo de escritor. Cuesta mucho escribir una novela, y tanto más si es buena. De entrada, después de haberla seleccionado para leerla, debo partir de la presunción de bondad. De lo contrario seria pensar que mi elección ha sido chapucera. 
Soy un sentimental.

Con esta no he podido. He dejado la lectura cuando ya me falta menos de un tercio para terminarla porque no pasaba nada, porque la escritura me parecía deslabazada y premiosa, porque el tedio me dominaba y cualquier excusa era bastante para colocar un marcapáginas y cerrar el libro. Porque, finalmente, he llegado a la conclusión de que no era yo quien era descortés con la autora, sino que era ella la que, quizás, era poco considerada conmigo como su lector. Me he dejado engañar y no he sabido evitarlo hasta que he puesto fin a la lectura. Lo siento, no he podido más. Punto. No voy a perder más tiempo con ello.

El ser y la nada. El atentado.


“El Atentado” es una novela de Yasmina Khadra, seudónimo de Mohammed Moulessehoul, militar y escritor argelino, que somete a su protagonista, un médico israelí de origen palestino, al dilema de sobrevivir con dificultad entre el ser y la nada con la imposible salida de transitar como algo intermedio de manera pacífica. No es posible la paz, ni la libertad, mientras la muerte sea intransigente en un entorno de desesperanza. Vivir contrariamente es hipocresía, desclasamiento, traición, mentira. Es vivir fingiendo.
El atentado es el hecho que explota de repente y revienta la vida plácida del doctor Amin Jaafari y le obliga a iniciar un camino doloroso y terrible para descubrir su situación accesoria de manera incomprensible en el pasado y en el futuro. Toda elección ha sido y será malvada, sin refugio alguno que le salvaguarde, por más que en su realidad sueñe la utopía.
Una lectura que deja huella, muy recomendable, para evitar el tedio de una tarde confinadora.
©jcll. Julio 2020.